Mi abuelo y yo no compartimos mucho en la vida. Sus últimas décadas las vivimos en países separados.

En el año 2006, un primo me llama y dice: “Tu abuelo va para la recta final de su vida. Aun está entero, me parece el momento perfecto para visitarlo y tener ese gran recuerdo final”.

Y eso fue lo que hicimos.

Recuerdo el último día que lo vi. Nos llevó al aeropuerto y ambos sabíamos silenciosamente que era la última vez que íbamos a vernos en esta vida.

Antes de bajarme del carro, me pregunta: “¿Estás pensando en tener hijos?”

Le respondo: “Quizás no, pero no sé”.

Y me pregunta: “Si llegas a tener un hijo, ¿qué nombre le vas a poner?”

Resulta que él es Robert II y yo Robert IV. Y le respondo con la consulta: “¿Qué nombre te gustaría que le pusiera?”

“Robert”, me dice mirándome a los ojos.

En la profundidad de sus ojos me enseñó tanto sobre su vida, tu vida y la mía...

El ser humano no quiere morir. No quiere fallecer. Como sabemos que el cuerpo se va, siempre estamos buscando que nuestra energía continúe en la tierra en alguna forma.

Para algunos se simboliza a través del apellido. Para otros a través del nombre. Para otros es los buenos momentos que hicieron sentir a los demás. Para otros es el libro que escribe o los videos que graba, su historia...

A mí me ha dejado pensando: “¿Qué es eso que quiero dejar?”

Gracias abuelo. No llegamos a compartir mucho, pero esa mirada final fue absolutamente todo. Te amo.

-Robert Baum IV
“Sé la persona que viniste a ser, para vivir la vida que viniste a vivir.”

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