Esta semana muchas personas me están diciendo: “Sé que no debo compararme, pero...”

Cuando les pregunto por qué no deben compararse, me dicen: “Es que la gente dice que no debemos compararnos”.

Ponchera, porque a través de los años he notado que comparar es de las técnicas más productivas para entender cosas. Todos existimos en comparación a algo, en relación a algo. Explico...

Solo existe bueno porque existe malo. Solo existe orden porque existe caos. Solo existe madre porque existe hijo (sino, sería señora o muchacha).

Solo nos definimos en comparación a algo.

Solo existimos en relación a algo.

La clave para saber si compararte es sano o no, está en ‘para qué’ te comparas.

Comparar etimológicamente significa: ‘examinar una cosa junto a otra, para ver las diferencias’.

Si las diferencias te hacen pensar o sentir que debes ser como la otra persona, entonces tu problema-a-resolver no es compararte, es de individualidad y valor propio.

¿Para qué compararte? Para conocer tu individualidad.

Estas diferencias te dan autenticidad.

Estas diferencias te dicen qué tienes tú que no tienen ellos... y qué tienen ellos que no tienes tú.

Estas diferencias son la base de nuestra sociedad.

Sociedad significa que ‘somos socios’. Aceptar estas diferencias nos ayudan a comprender lo que cada uno aporta a nuestra sociedad.

Esto es genial. Hiper genial.

Todos estamos diseñados totalmente distintos, con cualidades distintas, para algo distinto.

Es genial ser tú.

¿Qué es lo que te hace diferente? ¿Lo que te hace único/única? ¿Lo que te da identidad?

Está bien ser tú. Te lo juro.

PD: Esta foto soy, no tengo idea cuántos años tenía. ¿Cuántos años podría tener yo ahí?

-Robert Baum
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