Todo experiencia es un ciclo, tiene un inicio y un final.

Entonces hay dos puntos claves: la entrada y la salida.

Cuando algo inicia adecuadamente, la experiencia va a ser la adecuada y el resultado también. Por ejemplo, “solo darle mi energía a quien me la pide, así me aseguro de que la va a recibir y que será útil” (ver mi post del 29 Agosto 2020).

También sucede lo contrario, cuando algo inicia en una manera no-adecuada, la experiencia saldrá mal. Por ejemplo, darle mi energía a quien no me lo ha pedido. No la va a recibir y todo saldrá mal.

Saldrá. La salida es el segundo elemento clave...

Cuando salgo de una experiencia, debo alejarme un rato para reflexionar al respecto. El tiempo de alejamiento va a variar de acuerdo a cada persona y la situación (algunos somos más ermitaños que otros), y la reflexión va a ser personal, subjetiva.

Luego, para crecer, debemos compartir eso que aprendemos de esta reflexión. Compartirlo en el momento adecuado —cuando una persona o situación nos pide esa energía— es la clave para seguir desarrollando la vida, a los demás y a nosotros mismos.

Entonces, ¿qué debemos hacer cuando cerramos un ciclo?

1. Alejarnos (un espacio de soledad).

2. Reflexionar con estas tres preguntas:

(a) ¿Qué aprendí?

(b) ¿Qué puedo hacer diferente o mejor?

(c) ¿Cómo puedo aplicarlo a partir de ahora?

3. Compartirlo el aprendizaje en el momento adecuado (cuando una persona o situación nos pide nuestra energía).

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¡Wopa!

-Robert Baum